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Abraham Montero, Tlalnepantla, México
Durante mi primer semestre pude darme cuenta que el entrenamiento
es para experimentar al Señor no sólo individualmente,
sino también corporativamente. Durante mi primer viaje
del evangelio tuve la oportunidad de ir a Jilotepec, en el estado
de Querétaro. Los hermanos, aunque con poco tiempo nutriéndose
del ministerio, abrieron sus hogares para compenetrarse con
nosotros. Realmente, cuando Señor tiene un propósito
en cierta iglesia, Él torna los corazones y abre a los
hermanos para pastorear a otros y para ser pastoreados. Cuando
llegamos nos esperaban con un almuerzo, y cuando nos sentamos
con ellos, el Señor fue el centro de todo. Los santos
locales permanecían expectantes de lo que los hermanos
iban a decir, y cada palabra que los hermanos hablaban sobre
el Señor y el ministerio les aclaraba más su visión.
Una tarde mientras se hablaba del Cristo todo-inclusivo, los
santos en seguida comenzaron a confirmar la palabra, ejercitando
su espíritu, dejando ver que la palabra impartida en
ellos iba a florecer. Cada uno hablaba con frescura, impartiendo
a Cristo. Simplemente alabo al Señor porque Su mover
en México es maravilloso. Mi oración es que un
candelero brillante se establezca en Jilotepec. El Espíritu
está buscando y revelándose a los hombres en esta
era, recobrándolos para tener la expresión corporativa
del Dios Triuno en cada ciudad. |
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