Abraham Montero, Tlalnepantla, México

Durante mi primer semestre pude darme cuenta que el entrenamiento es para experimentar al Señor no sólo individualmente, sino también corporativamente. Durante mi primer viaje del evangelio tuve la oportunidad de ir a Jilotepec, en el estado de Querétaro. Los hermanos, aunque con poco tiempo nutriéndose del ministerio, abrieron sus hogares para compenetrarse con nosotros. Realmente, cuando Señor tiene un propósito en cierta iglesia, Él torna los corazones y abre a los hermanos para pastorear a otros y para ser pastoreados. Cuando llegamos nos esperaban con un almuerzo, y cuando nos sentamos con ellos, el Señor fue el centro de todo. Los santos locales permanecían expectantes de lo que los hermanos iban a decir, y cada palabra que los hermanos hablaban sobre el Señor y el ministerio les aclaraba más su visión. Una tarde mientras se hablaba del Cristo todo-inclusivo, los santos en seguida comenzaron a confirmar la palabra, ejercitando su espíritu, dejando ver que la palabra impartida en ellos iba a florecer. Cada uno hablaba con frescura, impartiendo a Cristo. Simplemente alabo al Señor porque Su mover en México es maravilloso. Mi oración es que un candelero brillante se establezca en Jilotepec. El Espíritu está buscando y revelándose a los hombres en esta era, recobrándolos para tener la expresión corporativa del Dios Triuno en cada ciudad.

(Entrenante en su segundo semestre, primavera 2004)

 

 

 
 
 

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