David Palacios, Chihuahua, México.

En este segundo término de mi entrenamiento, he podido ver que el Señor me ha llevado a que me esfuerce más por ser constituido con Él, y profundizar más en la Palabra. He recibido ayuda al tener un horario para mis actividades diarias. En verdad se redime el tiempo y se puede lograr aprovechar cada minuto; es muy significativo un minuto dentro del entrenamiento. Ahora puedo comprender que un minuto tiene 60 segundos, y que se puede hacer mucho en un minuto.

 

Otra de las cosas que me agrada es ir a predicar el evangelio a los recintos universitarios, en el microbús y en el Metro. Esto último ha sido una grande experiencia para mí. Puedo testificar de la autoridad que el Señor nos da cuando salimos a predicar el evangelio. Ya que durante la semana antes de salir, todos los días oramos para que el Señor nos guarde y ate al enemigo. Y el día de la salida, aun oramos más fuerte para que el Señor nos de la autoridad y el poder para llevar este evangelio a todos los hijos de paz que Él salvará.

 

En la salida “Operación micro-metro” salimos en varios grupos. Iniciamos en el microbús, cantamos y damos testimonios hasta llegar al Metro. La mayoría de la gente que escucha el evangelio en el microbús recibe al Señor. Luego todos, por grupos, subimos al Metro y compartimos a los pasajeros. En mi grupo toqué la guitarra. Yo era el iniciador, así que cada vez que subía a cada vagón tocaba y cantaba. En esas horas de predicación salvamos 623 personas. Predicar el evangelio es maravilloso.

 

(Entrenante en su segundo semestre, otoño 2006)

 

 

 
 
 

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