Delia Padilla, Belmopan, Belice.

El entrenamiento es el lugar perfecto para desarrollar una relación íntima con el Señor, y aprender a amarle. Aquí yo he aprendido a amarle más. Algo que me ha ayudado mucho es el levantarme temprano cada mañana para tocarle, esto ha hecho que me enamore más de Él. Pero para esto, tienes que abrirle todo tu corazón. El Señor quiere entrar a cada parte de nuestro corazón. Él nos reviste de Su gracia cuando nos abrimos a Él. No debe haber nada entre Él y nosotros, debe haber un cielo claro entre Él y nosotros. De lo contrario no vamos a disfrutar nuestro tiempo con Él por las mañanas. Aquí en el entrenamiento, yo he aprendido a amar al Señor más que en toda mi vida; pude darme cuenta que nosotros los creyentes, no vivimos para nosotros mismos sino para Dios, para Su economía. No somos para esta era, sino para la era venidera. Así que, ¿para qué preocuparse en cosas de este mundo si éstas no satisfacen?

 

Nosotros debemos preocuparnos en conseguir materiales para el edificio de Dios. Debemos preocuparnos en traer al Señor de regreso. Yo quiero ser una que lo traiga de regreso, quiero ser una que ama Su manifestación.

 

Todos tenemos una meta, y mi meta es llegar a ser un vencedor. Pero, esto depende de cuán apropiado sea mi carácter humano. Nuestro carácter es nuestra persona misma, y lo más importante para Dios es nuestra persona misma. Él quiere ganar personas para construirlas en Su obra. Efesios 2:10 dice que somos Su obra maestra, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas. Estas buenas cosas se refieren a hacer Su voluntad. “Señor yo quiero ser una que hace Tu voluntad, sigue trabajando en mi carácter, para poder ser útil a Ti en Tu economía”.

 

(Entrenante en su primer semestre, primavera 2005)

 

 

 
 
 

© Derechos reservados, 2004, ETCMx, Tlalnepantla, México