|
|
Elizabeth Camacho, Santa Cruz, Bolivia. Este tiempo está produciendo en mí una visión más clara acerca del propósito y plan de Dios, y una visión de que mi carácter natural está siendo trabajado en pos de un carácter apropiado y digno de un representante del Señor.
En una ocasión antes de decidir venir al entrenamiento, le pedí al Dios en oración que por amor a Su nombre me condujera por sendas de justicia, y al poco tiempo el Señor me mostró la importancia de ser entrenados, fue así que decidí venir al entrenamiento. Ahora la visión cada día me es revelada por medio del único ministerio y esto me cautiva y me mantiene en el único camino de nuestro Señor que es la sana enseñanza de la economía de Dios.
El alimento espiritual que recibo en el entrenamiento tiene un sabor especial que ha producido en mí un apetito muy saludable. Amo a mi Señor, “Comer y beber de Él es mi mayor placer”, así dice el himno que cada día cobra sentido en mí vivir.
Estoy contenta de estar aquí, pero he visto que tengo que permitirle que Él me toque y yo tocarlo a Él, esto es cooperar con el Señor, y es así como las condiciones del entrenamiento ayudan a Su impartición divina. Si no hay cooperación, no hay impartición.
Sé que es muy difícil abrir nuestro corazón, nuestros sentimientos y permitirle al Señor tener toda la libertad de actuar en ellos, pero he podido comprobar que el Señor es fiel y misericordioso y el resultado de Su operación es mucho más y mejor de lo que uno espera. El Señor desea hacernos hombres de Dios que tienen el aliento de Dios.
(Entrenante en su primer semestre, primavera 2005) |
|
||||||
|
© Derechos reservados, 2004, ETCMx, Tlalnepantla, México |
||||||||