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Emilene Ramos, Santa Cruz, Bolivia. Estoy aquí porque al Señor le plació traerme y por la oración de muchos santos que tenían la carga que viniera al entrenamiento. Realmente el Señor honra y responde estas oraciones. Y ciertamente el Señor también honró mi consagración. Mientras haya una apertura entonces puede haber el camino, puede haber la manera.
Desde que decidí venir al entrenamiento, todo se opuso, era una guerra, una lucha y empezaron a surgir las tentaciones, las ofertas de trabajo, becas para postgrado. Incluso había personas que se opusieron a que viniera. Todo se tornó difícil y varias veces desmayé, estaba confusa no entendía lo que pasaba. Así que nuevamente me volví al Señor le pedí perdón por mi incredulidad y renové mi consagración, le volví a entregar toda mi vida y mi futuro. Al final entendí que lo que el Señor estaba haciendo era probar mi corazón. Entonces esa situación me ayudó a abandonarme en el Señor y someterme a Su voluntad. Ahora valoro más la silla que ocupo en este entrenamiento y le agradezco al Señor por Su fidelidad.
Es maravilloso estar aquí, pero al mismo tiempo es muy difícil. Sólo siendo perfeccionados y moldeados podremos ser un vaso que se ajuste para el uso del Amo. Todas las instrucciones que nos son entregadas hacen que toda nuestra naturaleza, nuestras debilidades, fracasos, peculiaridades y todo lo que somos, salga a relucir y es ahí cuando nos damos cuenta que el único apto para estar aquí es el Señor Jesús. El único que puede satisfacer todos los requisitos del entrenamiento es el Señor. Pero, ¡alabado sea el Señor porque Él está en forma de gracia en nuestro espíritu!
(Entrenante en su primer semestre, otoño 2006) |
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