Gerardo Quesada, Limón, Costa Rica.

Recibí al Señor en la iglesia el 25 de diciembre de 1997, un jueves a las 3 de la tarde, y desde ese día consagré toda mi vida a Él, esto fue lo más grandioso que me ha sucedido en la vida. En diciembre de 1999 en la Escuela de la verdad me consagré al Señor para venir al entrenamiento de tiempo completo, y no fue hasta el 2006, en febrero de este año que llegué aquí.

 

En el tiempo que llevo en el ETCMx todos los días, todo el día, hay una continua impartición del Dios Triuno en nuestro ser y es tanto, que no da el tiempo de disfrutarlo suficientemente, porque al día siguiente ya hay otro “platillo” de este Cristo todo-inclusivo y así con cada día.

 

En este tiempo he disfrutado el tocar puertas para llevar el evangelio, impartir Cristo a las personas, para que ellas también lleguen a ser hijos de Dios. También he disfrutado las clases del carácter, en las cuales me he dado cuenta de lo que en realidad soy y de lo que necesito. Mi necesidad es comer a esta Persona todo-inclusiva; Él es todo lo que yo no soy. También estoy aprendiendo la lección de lecciones, la cual es “aprender a coordinar” con otros. La atmósfera aquí es gloriosa, en la cual todo lo que hacemos, lo hacemos siempre en comunión con otros, aquí no se hace nada independientemente, en todos los servicios a realizar siempre son de mínimo dos entrenantes, así que tienes que coordinar en todas las actividades del entrenamiento. ¡Qué salvación!

 

Lo que más disfruto es que cada día en la mañana tengo treinta minutos para estar a sólas con mi Señor, con mi Amado. Antes de venir al entrenamiento siempre trataba de buscar del Señor por las mañanas, pero la mayor parte de esas veces fracasaba, y cuando lograba tener ese tiempo muchas veces no sabía que hacer, y sentía que no podía tocar al Señor. Hoy, al acostarme, espero ansioso la cita con mi Señor el día siguiente. En ese tiempo me acerco confiadamente a Su trono para recibir gacia y misericordia. Puedo hablar con Él y dejar que Él me hable. Puedo ir a Él al leer Su palabra y comer algún versículo. Ésto es lo mas dulce que me a sucedido, entrar en Su Persona, a Su presencia por medio de Su palabra y una vez que estoy ahí, no quiero salir. Agradezco al Señor por la oportunidad que me ha dado de estar aquí y quiero aprovecharlo al máximo.

 

(Entrenante en su segundo semestre, otoño 2006)

 

 

 
 
 

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