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Isaac
Domínguez, San Nicolás, México
Todos los días en el entrenamiento tengo la oportunidad
de experimentar al Señor en cada área de mi vida
y en cada momento. Son muchas las experiencias que he acumulado
en mi tiempo aquí, pero las que más han dejado
huellas en mi ser son las que se relacionan con la formación
de mi carácter. El Señor Jesús en Su humanidad
expresaba el carácter de Dios y contenía en Su
ser la impronta de la sustancia de Dios (He. 1:3). Hoy, este
Cristo vive en nosotros y desea expresar Su carácter
en nosotros. Una de las razones por las que vine al entrenamiento
es por el sentir y el deseo interior de ser útil en las
manos del Señor para Su obra. Es por eso que cada día
tengo que lidiar con mi disposición natural y presentarme
ante el Señor para que crucifique mis hábitos
viejos y los reemplace por Su humanidad fina y tan cabal. Este
es el mejor lugar para ejercitarme a fin de llegar a ser un
siervo fiel, diligente en la palabra y en Su servicio; y sobre
todo, ¡para entrar en el disfrute pleno del Señor
en esta era y en la venidera!
(Entrenante en su segundo semestre,
primavera 2004)
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