Jazmín Cabrera, Chihuahua, México.
Cuando tenía 7 años vine a la vida de iglesia por medio de mi mamá. Al bautizarme, le consagré mi vida, mi persona y mi futuro al Señor. Crecí aprendiendo a amar al Señor y con el deseo de servirle por el resto de mi vida. Luego escuché acerca del entrenamiento de tiempo completo y tomé la decisión de que cuando terminara la universidad vendría a participar de este entrenamiento. El Señor preservó este anhelo y me recordó mi voto durante mis años universitarios hasta terminar la carrera de medicina. Y Él, antes de seguir una especialización, me trajo aquí. ¡Señor, gracias por traerme! Ahora en el entrenamiento he visto que ésta es la única manera de llegar a ser útil al Señor. Empecé a ver mi carencia y mi necesidad de ser perfeccionada, restaurada, ajustada, puesta en orden y reparada para así llegar a ser útil a mi Señor.

(Entrenante en su segundo semestre, primavera 2004)

 

 

 
 
 

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