Jorge Carire, San Sebastián, Puerto Rico.

Mi experiencia en el entrenamiento ha sido muy buena y deleitosa. El Señor Jesús me ha estado enamorando cada día, más y más. Esto ha sido como un sueño hecho realidad de consagrar al Señor, a mí Amado, a mi Amo, estos dos años de mi vida.

 

Una de mis experiencias más animantes fue en el evangelio. Se me preguntó si había experimentado el éxtasis de bautizar las personas en Cristo. Aunque había estado en la iglesia tantos años no lo había experimentado. Luego en esa comunión los hermanos tomaron la carga de orar por mi y me sentí tan apoyado y pastoreado. Y comenzamos a orar desesperadamente al Señor.

 

¡Aleluya! Esas oraciones desesperadas llegaron al trono de la gracia, ¡que misericordia! ¡El Señor Jesús escuchó nuestras oraciones! ¡Qué disfrute tan maravilloso, realmente esto es un disfrute! Estoy escribiendo este testimonio con lágrimas, esto es un gozo indescriptible.

 

Llegó la semana del viaje de evangelio y fuimos a un pueblito llamado Oquituco. En ese mismo día una familia de cuatro miembros recibió al Señor, fueron salvos y en ese mismo día fueron bautizados. ¡Aleluya estaba en un éxtasis! Lo pude experimentar, estaba en el tercer cielo. ¡Qué inolvidable! Pero esto no termina aquí, al otro día bautizamos a doce personas que fueron introducidas en la realidad del misterioso y místico Cuerpo de Cristo. ¡Aleluya! Qué experiencia tan dulce, tan maravillosa, ¡Aleluya! La misericordia del Señor Jesús me alcanzó. ¡Aleluya! ¡El Señor inclinó Su oído a nosotros y escuchó nuestras oraciones! El obró por Su grande amor.

 

Por eso: Yo quiero tanto a mi Amo / Que libre no saldré; / Me redimió con precio / Me ha conquistado Él. / No dejaré el servicio, / Es dulce bendición, / Y en los momentos duros / Me da consolación. Himno, #194

 

(Entrenante en su segundo semestre, otoño 2006)

 

 

 
 
 

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