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Leonel Martínez, Mixco, Guatemala. Aun antes de entrar a la universidad había en mí el deseo de venir al entrenamiento a tiempo completo. Pero con los años cambié y al finalizar mis estudios en la universidad ya no estaba tan seguro. Sin embargo ¡gracias a Dios! fui motivado por el ejemplo de otros jóvenes que por amor al Señor decidieron dejar sus familias, amigos y países para darle al Señor dos años de su vida. Noté que en estos jóvenes el entrenamiento había producido un cambio muy positivo. Entonces me pregunté: ¿qué puede lograr en mí el entrenamiento? ¿Amo también al Señor como para darle algo que sea de valor en mi vida? ¿Acaso Él no es digno de darle un poco de mi tiempo? Así que tomé la decisión de venir y ofrecerle este tiempo al Señor.
En una de las clases del entrenamiento comprendí que el Señor Jesús necesita personas con una humanidad apropiada para llevar a cabo Su obra, que lo importante es la clase de persona que soy y no los métodos que use para llevar a cabo Su voluntad. Antes pensaba que lo importante era el método, pero ahora me doy cuenta que en realidad el método es la persona. Por eso Dios quiere ganar personas. Si Él gana a una persona entonces Él puede obrar aquí en la tierra. Mi oración es que en éste tiempo el Señor me gane por completo, que gane mi manera de pensar, preferencias y sentimientos. En estos dos años no quiero trabajar para Dios, al contrario quiero que Él trabaje en mí, que trabaje en mi persona y que me constituya con Su humanidad adecuada. Si mi persona es correcta entonces mi manera de obrar en Él es correcta. Mi oración es que estos dos años sean un tiempo en el que Dios se forje en mi persona.
(Entrenante en su primer semestre, primavera 2005) |
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