Mario Fernández, Santa Ana, California, E. U. A.

Dos años atrás el Señor empezó a obrar en mi corazón para venir al entrenamiento, pero era muy difícil venir por causa de todos los obstáculos y cargas que tenía. Pero por la misericordia del Señor, Él abrió el camino este año y pude moverme a la Ciudad de México con toda mi familia.

 

Al venir al entrenamiento pensé siempre que debería ser constituido en la verdad y tal vez esa fue una de las razones mayores que me impulsó a venir al entrenamiento. Sin embargo, lo que he visto en el entrenamiento es que necesito aprender a estar en la presencia del Señor. He visto que necesito amarle más y permitirle que penetre todo mi ser para que Él pueda llenarme consigo mismo. Nuestro ser está lleno de muchos cuartos y tal vez le permitimos que entre en uno o algunos, pero nos reservamos otros para nosotros, pero el Señor desea ocupar todos esos cuartos que reservamos. Mi necesidad consiste en venir al Señor y estar cara a cara frente a Él sin ninguna agenda, sin reservas, sólo mirándolo y amándolo.

 

También el entrenamiento provee un ambiente apropiado para orar. La oración es la clave fundamental para el mover del Señor. El Señor necesita moverse, pero no lo hace sin la cooperación del hombre. Daniel oraba de acuerdo al deseo de Dios y tenía un espíritu excelente porque su oración era uno con el mover de Dios. Quiero ser un hombre de oración. Es cierto que el entrenamiento me ayudado a entrar en la verdad, pero sobre todo a aprender a estar en la presencia del Señor.

 

(Entrenante en su primer semestre, primavera 2005)

 

 

 
 
 

© Derechos reservados, 2004, ETCMx, Tlalnepantla, México