Marliz Aquino, Bayamón, Puerto Rico.

Antes de venir al ETCMx tenía muchos conceptos de lo que era el entrenamiento. Sin embargo, al llegar aquí todos mis conceptos se esfumaron. El entrenamiento no es un lugar para sufrir. Todo lo contrario, es un lugar donde se disfruta a Cristo. Un aspecto donde he recibido mucha luz y ayuda es el servicio práctico. Cada semana se nos asignan ciertos servicios a cada entrenante, pero estos servicios no se hacen individualmente sino que se hacen con otros entrenantes. Los servicios pueden ser limpiar y trapear los pisos, limpieza o preparación de las comidas, o limpiar los baños. Durante cada servicio uno experimenta la compenetración con los demás entrenantes. Es un tiempo en el que uno llega a conocer el Cristo que tiene su compañero entrenante; es un momento perfecto para conocer a los demás que servimos juntos, es un tiempo de mucho provecho, de ganar experiencias del Cuerpo. Durante estos servicios podemos tener comunión y compartir de lo que se haya disfrutado ese día. En una ocasión disfrute muchísimo la limpieza de baños porque estuve cantando himnos todo el tiempo y mi espíritu se avivó. Es algo muy normal que un cristiano pueda tocar su espíritu aun en las tareas cotidianas. En el servicio los entrenantes pueden funcionar en mutualidad y suministrarse cada uno del rico Cristo. Incluso la conciencia se despierta más. Lo que antes ignoraba por no querer pasar trabajo, ya no lo puede ignorar. Desde que estoy aquí mi oración es que el Señor transforme mi carácter. Quiero ser un obrero útil al Señor.

(Entrenante en su primer semestre, otoño 2004)

 

 

 
 
 

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