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Mercy
Sela, Guadalajara, México
Me parecía que pasar dos años en el entrenamiento
de tiempo completo era una eternidad: ahora, son sólo
el principio. Cuando mi hermano y yo terminamos juntos la universidad
estábamos preparados para ir al entrenamiento. Yo estaba
contenta, pues he amado al Señor desde pequeña.
Mi hermano siempre supo que estaría los cuatro términos.
Yo no. Para mí eso era mucho tiempo. Así que mi
decisión era completar un término. Pensaba que
eso era suficiente para después "continuar mi vida".
Un día durante el tiempo de estudio, el Señor
me hizo tan claro que ¡Él es el único! Con
certeza decidí que mi vida es y será para Él.
No puede ser de otra manera. Tuve la profunda sensación
de que mi vida sería un desperdicio si no se la entregaba
incondicionalmente a Él. El Señor es soberano,
y Él sabe cómo hacernos llegar a Él. Pero fue
aquí, fuera del mundo, bajo el fluir continuo de Su palabra
y Su ser, que pudo ganar más mi corazón. En una
de las paredes del salón de clases hay un gran mapa del
mundo. Cada vez que lo miro, sé en lo profundo de mi
corazón que ¡Él va a poseer cada centímetro
cuadrado! Y que Él necesita que nosotros cooperemos con
Él. Él necesita de vencedores que lo dejen todo y lo
amen y vivan sólo por Sus intereses, hasta ganar toda
la tierra habitada. Cristo es el platillo, el alimento que ministramos;
nuestro carácter, la bandeja donde lo presentamos. Una
generación traerá a Cristo de regreso. ¿Por
qué no la nuestra? Hoy sé que Cristo es mi único
objetivo. Y estos dos años en el ETC, son sólo
el principio...
(Entrenante
en su segundo semestre, primavera 2004)
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