Priscila Moreno, Tlalnepantla, México.

¡La oportunidad más grande a la que cualquier persona que realmente ama a Dios y desea ser perfeccionado puede aspirar, llego a mí manos hace algunos meses! Y la tomé. Esta oportunidad fue la de venir al lugar más adecuado para aprender a amar y experimentar a Dios, el ETCMx.

 

¡He visto tantas cosas! He visto que Dios no solamente nos salva del lago de fuego para ir al cielo. Esto es algo muy superficial. Cada cristiano es llamado a experimentar una salvación diaria, momento a momento, en la vida de Él, a fin de llegar a ser como Él, Su propia expresión. ¡Esta es la verdad más grande y lógica que nunca antes escuché! Antes no conocía que aspectos como mi carácter, mi “yo”, mis buenas intenciones por buscar al Señor, y aun mi servicio a Dios habían sido un gran obstáculo para serle útil. Qué lamentable que he pasado tantos años viviendo más bien una vida religiosa en la cual no veía el propósito eterno de Dios respecto a Su iglesia y a Sus creyentes, es decir, Su economía. Pensaba que mi vida era para Dios, pero más bien era para mí misma. No porque no tuviera un corazón que amara a Dios, sino porque no veía Su economía.

 

Después de ver Su economía, sólo puedo decir que mi tiempo, mi vida, mi amor, y mis fuerzas son absolutamente nada, si no permito que Cristo lo sea todo en mí, en todas las cosas y que sólo Él, sea magnificado.

 

Cada día disfruto que mi meta y mi búsqueda, mi llenura y mi satisfacción se encuentran únicamente en el Señor Jesús. El mundo es frívolo, vació, y engañoso comparado con conocer y experimentar a Cristo. No importan las cosas que se sacrifiquen por venir aquí, con nada podemos compararlo con ganar a Dios.

 

(Entrenante en su segundo semestre, otoño 2006)

 

 

 
 
 

© Derechos reservados, 2004, ETCMx, Tlalnepantla, México