Raquel García, Tlalnepantla, México.

Es una misericordia del Señor que esté en éste lugar, donde si no es el centro de la tierra está muy cerca de serlo.

 

Aunque nací en la vida de iglesia, crecí con un temor hacia el entrenamiento de tiempo completo y siempre decía que yo nunca estaría aquí, principalmente por mi rebeldía y conceptos. Pero le agradezco al Señor que enviara entrenantes a mi casa y por un tiempo que fueran a mi universidad lo cual me animó, además unas cuantas entrenantes estuvieron orando para que yo viniera a pesar de mi actitud.

 

En el invierno del 2003 fui a un entrenamiento de jóvenes en Guadalajara y allí se nos paso un vídeo de los hermanos de Cambridge, su obra y de algunos hermanos que han dado su vida por el Señor. Sentí que el Señor me hablaba a mí, el llamado era para mí. Después de haber pasado por una etapa difícil de prueba en mi vida, acepté y junto con otros setenta consagré mi vida. Puedo decir que fue esa la primera vez que tuve una consagración genuina. La verdad es que antes yo le temía a esa palabra, “consagración” y aún en el temor, lo hice. Mi número de consagración fue el 21. Este número cambio mi vida.

 

Quiero estar en la lista de los que: “Aquellos que lo aman sí lo encuentran digno de ser amado de esta manera y digno de su ofrenda. Lo que han derramando sobre Él no es un desperdicio, sino un testimonio fragante de Su dulzura”.

 

Con estas palabras me di cuenta que lo único que tengo para ofrecerle a mi Dios es mi vida. Y aunque pasaron muchas cosas que trataron de hacerme desertar de mi decisión de venir al entrenamiento de tiempo completo, el Señor es más fiel que yo y acomodó todo para que yo esté ahora aquí. En este lugar donde estoy siendo moldeada y entrenada para poder servirle de la manera en la que Él lo necesita.

 

El Señor siempre escucha lo que decimos, cuánto más si es nuestra consagración, Él siempre va a honrarla.

 

(Entrenante en su segundo semestre, otoño 2006)

 

 

 
 
 

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